Si hay un artista plástico en el siglo XX cuyo trabajo es absolutamente fascinante para los niños, este es Alexander Calder. Me atrevería a asegurar que no hay niño que ante móvil de Calder no sienta un deseo irrefrenable de interactuar con él.
Las piezas de Calder remiten al juego. A niños y mayores (al menos este es mi caso) nos entran unas ganas locas de tocar, de dialogar con unas obras que sentimos cercanas. Y, ¿sabéis qué? No estamos transgrediendo ninguna norma, no es un sacrilegio… más bien estamos siguiendo los deseos del propio Calder que quiso despojar al artista del control de su obra para invitar al espectador en el proceso de creación y transformar con su intervención la pieza a su voluntad.
Si os parece os lo cuento proponiéndoos dos actividades para que podías acercar la obra de Alexander Calder a los más pequeños.
Y así lo hemos hecho y así nos ha resultado:
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